Cortylandia: toda la verdad, sin resentimientos

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Veréis, hijitos, en aquéllos años teníamos que conformarnos con la fachada animatrónica de El Corte Inglés. Con eso y con nada más: ni Disneyland Paris ni leches en vinagre. Lo recuerdo con claridad, cientos de críos de capital encaramados sobre nuestros progenitores o adoptantes, sin temor a la avalancha ni al frouterismo de los pederastas, y forzando colectivamente la mirada en perspectiva vertical para corear el jingle de las navidades (composición de Álvaro Nieto, autor también del villancico de las Muñecas de Famosa!!).
Oh sí. Éramos una sola mente, un único esfínter, y ya a su merced, aquellos muñecos de poliéster inflamable nos miraban hipnóticamente y arrastraban una serie de palabras hasta implementar en nuestros (tiernos y superabsorventes) cerebros la necesidad de subir a la séptima planta a comprar juguetes. Todo esto acompañado de subconceptos como el amor, la felicidad, el niño dios, y otra vez los juguetes de la séptima planta.
Hay que tener en cuenta que, retrotrayéndonos a 1979, el único espectáculo que ofrecía la trasera de la calle Maestro Victoria de Madrid eran las trifulcas de los heroinómanos. Es por eso que los grandes almacenes decidieron poner luz y movimiento GRATIS con los que atraer a la incipiente clase media hacia su puerta. Así irían pasando por nuestros atribulados ojos, por ejemplo, la gran piedra parlante de la selva (1984), Guilliver en Lilliput (1985), Don Quijote y los molinos (1989), los árboles del bosque animado (1994), el caballo de Troya (1996)... aunque el favorito de los niños sensibles y temerosos de Dios como yo siempre será el del Arca de Noé (1987) sobre todo por la movida del diluvio. De éste pagaría por encontrar grabación VHS o Beta. Recuerdo el momento atronador en que rompía a caer el agua con más claridad que cuando me quitaron las anginas. Añado; sería difícil demostrar científicamente el motivo por el que, pese a los adelantos actuales, aquéllos retablos nos parecían de proporciones bíblicas y los de hoy, un espanto y una cutrez.

Y hasta aquí este bonito publirreportaje.
(Adjunto unas cuantas imágenes conmemorativas de sus maquetas)



1984
1985
1987
1994
1996


javier malaparte

Yo me entiendo y bailo solo

1 comentario:

  1. Yo iba todas las Navidades a verlo, y después del maravilloso espectáculo y de la musiquilla que estabas cantando tres días después por el pasillo de casa, recuerdo que me llevaban a tomar sandwich a Ferpal...mmmm, que momentazos!!!

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